La banda

ISMAEL CLEMENTE
Pone la voz en Ursaria. Charlatán de barracón feriante, vendedor de elixires milagrosos y ungüentos crecepelos.  Insuperable mesmerista escénico, controla todos los fluídos simpáticos que discurren por el éter o quintaesencia, para dominar al público a su antojo.  Canta, baila, toca varios instrumentos. Todos regular… Pero ama a Madrid desaforadamente. Eso se le da bastante bien. En el fútbol es del Atleti. En el baloncesto, del Estudiantes. Y en en las patatas bravas, del bar Docamar.

Cuando se baja del escenario, se esconde en su oscuro y secreto laboratorio alquímico de Carabanchel de Abajo, oculto en el inframundo subterráneo de los viajes de agua matritenses. Y solamente emerge por las noches a cielo abierto, para hacer de flaneur, a lo Emilio Carrere. Por lo demás, le gusta contar chistes, tomar el vermut y escribir prosa. Tiene dos libros publicados, y sueña con escribir un atlas de churrerías. Con todos ustdes ¡Ismael Clemente!

 

SILVIA VON NADIE

Acordeón, flauta, voz y desparpajo chulapo. Sacerdotisa castiza. Cupletista de raza. Sourbrette superlativa. Medium espiritista y paragnosta dotada con el don de la telebulia y la telequinésis. Cabaretera experta en ouija. Desplaza objetos con la mente, hace volar a cualquiera con las notas del acordeón. Nacida en Gijón, renacida en algún lugar del madrileño barrio de Delicias. Apareció en Ursaria envuelta en un remolino de polvo, en mitad de una encrucijada de caminos, como el diablo que se le apareció a Robert Johnson.
Desparpajo escénico y dominio de las energías polipsíquicas. Es una mezcla híbrida entre Ela Fitzgerald y la Mari Pepa de La Revoltosa; entre Lilián de Celis y la diosa Hécate, hechicera del inframundo.  Con todos ustedes ¡Silvia von Nadie!

 

FRANCIS GARCÍA

Bajista en Ursaria.  Después de leerse el primer libro, vino un día peregrinando de rodillas y dijo: «Yo quiero estar en este grupo».  Algo que no sabemos bien cómo asimilar por ser un bajista al que se rifan todos los grupos.
Faquir. Tragasables. Escupidor de fuego. Monje tibetano de las cumbres de La Pedriza. Grandísimo conversador. Alma sensible. Adicto al ultratrail, ha coronado varios ochomiles del Himalaya. Pero asegura que le pone más cachondo subir al Alto de Guarramillas. Aparte del de Ursaria mantiene en la cabeza el repertorio de los otros 6 proyectos en los que participa. Tiene ocho apellidos getafeños. Porque sus ancestros bereberes llevan en Getafe desde que se llamaba Xatafi, en el camino que unía Mayrit con Toledo.  Pero ahora vive feliz en Becerril de la Sierra, inhalando gas radón.
Con todos ustedes, ¡Francis García!

 

SARA GONZÁLEZ DIGES

Percusión tradicional. Gran oráculo parlante de nuestro carromato de cómicos de la legua. Echadora de cartas y catoptromante. Adivinadora del pensamiento. Vidente del futuro, pero sobre todo del pasado. Con su poderes parafísicos controla todas las corrientes telúricas desde la Alcarria de Chinchón hasta la Alcarria del Henares.

Madrileña de nacimiento, es de lo mejor que ha parido la Escuela de la Diputación de Guadalajara. Aunque echó los dientes escuchando a sus padres las Seguidillas de Moratilla de los Meleros, en el mítico grupo Alquería.
Lo mismo revienta los escaparates de una calle tocando con los Tambores de Teruel que te cocina un pisto. 
Se ríe hasta con la punta de los dedos de los pies. Ella es la bola de cristal y el abrazo en el que te sientes en casa.
Está porque tenía que estar.
Con todos ustedes… ¡Sara González Diges!

 

JUANFRAN BALLESTERO

Conjurador de vientos. Prestidigitador de las cuerdas. Escapista. Funambulista. Contorsionista. Nigromante. Cantor de rancheras.  Halterófilo. Dulzainero hipnotizador de Hamelin. Con cualquier instrumento que le caiga en las manos, un arpa o un cazo para hervir la leche, es capaz de embrujar a cualquier forma de vida planetaria.
Este niño grande, albaceteño de Higueruela, vive en Castelló de la Plana. Para entrar en la banda hubo que someterle a un intenso entrenamiento y lavado de cerebro, mediante electroshocks en los pezones y chorros de agua a presión. Una exigente prueba de acceso «madrileñista», en la que tuvo que ingerir siete platos de gallinejas y entresijos, un cubo de agua de la fuente de San Isidro, y bailar el schotís en una baldosa hidraúlica. Suspendió el examen oral, porque pronunciaba «le dije», en lugar de «la dije». Y eso no lo podíamos consentir.

Cn todos ustedes, ¡Juanfran Ballestero!