La banda

ISMAEL CLEMENTE
Pone la voz en Ursaria.
Entusiasta. Contador de chistes. Catador de vermuts. Escritor de sonetos. Experto en churrerías.
De haber vivido en mil latitudes distintas, un día se dio cuenta de que el cocido que mejor sabe es el que se hace en casa, mientras uno pone la lavadora y friega el baño los sábados por la mañana.
Canta, baila, toca varios instrumentos. Todos regular… Pero ama a Madrid desaforadamente. Eso se le da bastante bien.
En el fútbol es del Atleti. En el baloncesto, del Estudiantes. Y en la tortilla, con cebolla.
Actualmente vive la mitad de su tiempo en Carabanchel Bajo y la otra mitad en las nubes. Las tres cosas que más le gustan en el mundo son: los caracoles de Casa Amadeo, pasear de noche por las calles vacías de su ciudad, a lo Emilio Carrere y escribir cuentos. De hecho, Ursaria para él es solamente una tapadera para contar historias. Con todos ustdes ¡Ismael Clemente!
SONIA LOAYSA
Choni, para los amigos. Toca el acordeón en Ursaria. Choni es a Ursaria lo que la viga del hastial a los tejados de las casas. Primero es ella (en el principio fue el verbo). Y luego ya estamos todos los demás. Ella es la armonía en el más amplio sentido del término. Y también es la paz. Aunque a veces también la guerra.
Labradora. Zahorí. Rebdomante. Lanzadora de cuchillos. Aficionada al kung fú. Es la que más sabe de semillas y variedades autóctonas de la Sierra del Guadarrama, en toda la Sierra del Guadarrama. Y parte del extranjero.
Posee un oído solamente comparable al de algunas especies de murciélagos frugívoros de Malasia. Lo cual supone para el resto de los mortales un auténtico calvario. Ella es el alfa y el omega. La jefa. La que corta la pana. Y manda a beber y a rezar, como los mayorales de las cuadrillas de esquiladores. Con todos ustedes ¡Choni Loaysa!

FRANCIS GARCÍA
Bajista en Ursaria. Después de leerse el primer libro, vino un día peregrinando de rodillas y dijo: «Yo quiero estar en este grupo». Algo que no sabemos bien cómo asimilar por ser un bajista al que se rifan todos los grupos.
Faquir. Tragasables. Escupidor de fuego. Monje tibetano de las cumbres de La Pedriza. Grandísimo conversador. Alma sensible. Adicto al ultratrail, ha coronado varios ochomiles del Himalaya. Pero asegura que le pone más cachondo subir al Alto de Guarramillas.
Aparte del de Ursaria mantiene en la cabeza el repertorio de los otros 6 proyectos en los que participa. Tiene ocho apellidos getafeños. Porque sus ancestros bereberes llevan en Getafe desde que se llamaba Xatafi, en el camino que unía Mayrit con Toledo. Pero ahora vive feliz en Becerril de la Sierra, inhalando gas radón.
Con todos ustedes, ¡Francis García!

SARA GONÁLEZ DIGES
Nacida en Madrid. Alcarreña universal. De lo mejor que ha parido la Escuela de la Diputación de Guadalajara. Aunque echó los dientes escuchando a sus padres las Seguidillas de Moratilla de los Meleros, en el mítico grupo Alquería.
Lo mismo te marca una entradilla con la caja que revienta los escaparates con los Tambores de Teruel que rompe la pandereta de la emoción.. Auténtica fuerza de la naturaleza. Cañón percutivo. Metrónomo del grupo.
Se ríe hasta con la punta de los dedos de los pies. Ella es la bola de cristal y el abrazo en el que te sientes en casa.
Está porque tenía que estar.
Con todos ustedes… ¡Sara González Diges!

Toca vientos y cuerdas en Ursaria.
Este niño grande, albaceteño de Higueruela, vive en Castelló de la Plana. Pero como le dijo Francis el otro día: «sintiéndolo mucho, chato, tú ya eres de Madrid, que lo sepas». Porque los de Madriz no solamente nacemos sino que vivimos «on ens ix del ous». Aunque al precio al que están los alquileres en esta puta ciudad, cada vez más vivimos donde nos dejan.
Para entrar en la banda hubo que someterle a un intenso entrenamiento y lavado de cerebro, mediante electroshocks en los pezones y chorros de agua a presión. Una exigente prueba de acceso «madrileñista», en la que tuvo que ingerir siete platos de gallinejas y entresijos, un cubo de agua de la fuente de San Isidro, y bailar el schotís en una baldosa hidraúlica. Suspendió el examen oral, porque pronunciaba «le dije», en lugar de «la dije». Y eso no lo podíamos consentir.
Cn todos ustedes, ¡Juanfran Ballestero!

